Defendemos la Dignidad de la Persona y la Familia

Negar la naturaleza humana destruye la dignidad de la persona y el valor de la familia

La ideología de género, apoyada en las posibilidades que ahora la ciencia permite, busca borrar la diferencia entre sexos, en contra de la evidencia científica y hasta de la biología de los seres humanos, y cuestionar el sentido y valor de la familia. También busca imponer la idea de que la homosexualidad o la transexualidad son propiedades innatas e inamovibles, independientes del sexo biológico, algo no respaldado por la ciencia.

Frente a estos razonamientos, NEOS defiende la naturaleza humana y el valor de la diferenciación y complementariedad entre mujer y varón, fórmula natural para la creación de nueva vida y, en el papel de madre y padre, pilares de la familia. Siempre dentro del respeto a la condición sexual de cualquier persona.

La ideología de género, y las leyes en ella basadas, tiran por tierra la naturaleza humana y, por tanto, los fundamentos de nuestra civilización.

La negación de toda trascendencia es el origen de esta ideología destructora de lo humano.

La diferencia entre sexos es una realidad, un hecho científico.

La familia formada por madre, padre e hijos debe ser protegida puesto que proporciona un bien a la sociedad y garantiza la perpetuidad.

Debe garantizarse el respeto a la condición sexual de cualquier persona.

Cuestionar la propia naturaleza humana conduce al suicidio de nuestra civilización

Estamos ante situación de una gravedad extrema y sin precedentes en la Historia de la humanidad. Hasta ahora ninguna civilización había puesto en cuestión la propia naturaleza humana, y en concreto la condición binaria hombre-mujer propia del ser humano. La conciencia de la inviolabilidad y de la dignidad de la naturaleza humana constituyen el fundamento de nuestra civilización. Renunciar a esta conciencia por causa de la ingeniería social a la que nos hallamos sometidos supone renunciar a todo lo que de verdad y bien habíamos heredado como un legado valioso de nuestros antepasados. El progresismo y la “ideología de género” se yerguen como la negación pura y simple de la naturaleza humana y de la común sabiduría de todos los tiempos. Constituyen, por ello, la ideología del suicidio de Occidente.

Varón y mujer, padre y madre, son realidades indudables y figuras esenciales en la familia

Sólo la diferencia sexual hace posible la apertura fecunda a la generación de un hijo. El hijo que se genera es un dato esencial para entender el sentido de la diferencia sexual inscrita en la relación entre varón y mujer. Y es por ello que el cuerpo sexuado invita a las personas a reconocerse como “hijos” y a su vez a abrazar la vocación de llegar a ser “madres” y “padres”. La existencia de la vida requiere necesariamente del concurso complementario de un hombre y de una mujer. Cualquier otra fórmula de creación artificial de la vida atenta contra la ley natural y pone en riesgo el normal desarrollo de la persona. Padre y madre son dos figuras esenciales en la familia, fundamentales e insustituibles para forjar la personalidad de cada uno de sus miembros. La privación o suplantación de cualquiera de las dos figuras pone en riesgo el desarrollo natural de la persona.

La “ideología de género” va en contra de la evidencia científica

Es una ideología que está en oposición abierta frente a toda evidencia científica. Desde la ciencia se insiste en señalar que la biología sí importa, que existen fundamentos biológicos que explican la diferencia varón-mujer y cómo la vida psíquica se desarrolla en función de estas diferencias. Conocer y comprender la realidad humana, masculina y femenina, ayuda precisamente a amar la diferencia, nos hace mejores y más libres. La ciencia no respalda la idea de que la homosexualidad o la transexualidad sean propiedades innatas y biológicamente inamovibles del ser humano e independientes del sexo biológico (la idea de que los individuos “nacen así”). Al contrario, estas tendencias pueden cambiar a lo largo de la vida, lo cual contradice la existencia de una base genética del carácter.

La pretensión de cambiar de sexo es irrealizable biológicamente

Cualquier intervención que trate de modificar la apariencia sexual de una persona acercándola al sexo opuesto, además de conllevar consecuencias permanentes e irreversibles, implica un enorme riesgo para su salud física y psíquica.

La negación de toda trascendencia es el origen de esta ideología destructora de lo humano

De todas las iniciativas para reinventar una sociedad, las más sofisticadas son aquellas vinculadas y relacionadas con la Naturaleza Humana. Reiteramos una vez más que nos encontramos ante posiciones ideológicas que marcan una ruptura radical con cualquier otro periodo de la historia. El origen de esta ideología destructiva de lo humano y de su dignidad procede de la negación de toda transcendencia, del olvido de Dios. El hombre, su voluntad o capricho, se erige en medida de todas las cosas. De este modo, Occidente parece haber olvidado que existen cosas sagradas que deben ser objeto de respeto, de cosas indisponibles a la voluntad humana porque son valiosas en sí mismas.

El respeto a la condición sexual de cualquier persona y el cuidado de su salud son una exigencia

Diversos factores de estrés social como la discriminación y la estigmatización, contribuyen a elevar el riesgo de problemas de salud mental de las poblaciones no heterosexual y transgénero, por lo que urge hallar formas de aliviar ese sufrimiento, no a costa de la generalización de sus formas de vida, sino del respeto que, como toda persona humana merece.

La familia sí importa

Madres y padres son las figuras vertebradoras de la institución familiar, y origen genético y fundante del mismo orden social. Uno de los retos más urgentes que tenemos hoy es valorar la necesidad de estas dos figuras esenciales en la familia. Fundamentales para forjar la personalidad de cada uno de los miembros que la forman. Como la psicología más profunda pone en evidencia, el papel del padre es fundamental para la madre y viceversa. Para su equilibrio y maduración emocional, los hijos necesitan no sólo el cariño de sus padres, sino también el afecto que su padre y su madre se tienen entre sí. Porque la familia sí importa. Este triángulo común de padre, madre e hijo es indestructible, pero puede destruir a las civilizaciones que lo menosprecia (Chesterton).

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