EL MITO DEL PLURALISMO

Artículo original de: Ideas

Por Dalmacio Negro

 El pluralismo político se basa en el hecho de que la libertad es inherente a los seres humanos. Pero el pluralismo del que se habla, lo reduce a la diversidad de la opinión. Lo que implica la sustitución de la comunidad política, que presupone la existencia de un cuerpo político, por la sociedad política en la que cuentan sólo los intereses. Una consecuencia del artificialismo del Estado.

Maritain describía así el auténtico pluralismo político en El hombre y el Estado: «No sólo la comunidad nacional y todas las comunidades de rango subalterno se hallan incluidas en la unidad superior del cuerpo político sino que el cuerpo político contiene también en su unidad superior a los grupos familiares –cuyos derechos y libertades esenciales son anteriores a él— y a una multiplicidad de otras sociedades particulares que proceden de la libre iniciativa de los ciudadanos y que habrían de ser lo más autónomos posibles. Este es el verdadero pluralismo inherente a toda sociedad verdaderamente política».[1] Pluralismo inexistente cuando escribía Maritain, quien describía en realidad el existente en la Edad Media, en la que se articulaba la teoría política en torno  al concepto  corpus politicum, la réplica temporal del corpus mysticum de san Pablo.[2]

2.- La naturaleza del corpus políticum puede resumirse con uno de los Pensamientos de Pascal aplicable a lo Político, cuya finalidad es la unidad entre los que viven bajo el mismo gobierno, y a la política, cuya finalidad es la libertad de los convivientes. Pues, como decía Hannah Arendt, «la política descansa sobre el hecho de la pluralidad de los hombres [y] versa sobre la unión y el estar con los diferentes».

La frase de Pascal «la multitud que no se reduce a unidad es confusión; la unidad que no depende de la multitud es tiranía», era para Guizot, «la expresión más bella y la definición más precisa del gobierno representativo», cuyo fin consiste en «impedir a la vez la tiranía y la confusión».

El corpus políticum, que no es un mito, integraba una serie de organismos sociales naturales, espontáneos,  que fungían como poderes sociales autónomos, que compartían un êthos común: los que llamaba Montesquieu poderes intermediarios, porque mediaban entre el gobierno, que unía sin unificar, y los individuos que integraban el pueblo. Poderes casi inexistentes cuando escribió el barón de la Bréde, quien los describe ya algo equívocamente, que limitaban automáticamente  el poder político del gobierno. Esos poderes eran entidades comunitarias  independientes que se autogobernaban y sólo se relacionaban con el gobierno para defenderse de otros gobiernos. 

En la Edad Media los poderes feudales temporales y canónicos, ámbitos excluidos de la acción del gobierno, ejercían, si era preciso, como una suerte de contrapoderes, el derecho de resistencia contra el poder político invasor, centralizador o uniformador, que recorta o suprime las libertades.  

2.- El Estado, concebido por Hobbes como un cuerpo artificial, el Gran Artificio capaz de impedir el derecho de resistencia, consiguió asentarse en los tiempos modernos absorbiendo o  eliminando poco a poco los pouvoirs intermediaires medievales como contrapoderes eficaces. Transformó sobre todo la nobleza feudal en cortesana, de modo que, como decía Bertrand de Jouvenel, las monarquías europeas  se asentaron, sobre las ruinas de la aristocracia  (ἀριστοκρατία, de ἄριστος, áristos, los mejores, y κράτος, crátos, poder, fuerza), el mando de los mejores.

La absorción o eliminación de los poderes sociales debilitó o arruinó el cuerpo político, reducido finalmente por la revolución francesa a la Nación, titular formal de la soberanía de la voluntad popular, que excluye por definición los poderes intermedios. De hecho, se trataba de la minoritaria Nación Política formada por la oligarquía dominante, distinta de la Nación Histórica, la gran mayoría de la población, del pueblo, que, excluida de la política –«la política es una antigualla para abuelos» (G.Morán)-, se limita hoy en el Estado de Partidos a votar ritualmente a los candidatos que presentan los partidos de la oligarquía.  «Al acabar cada una de las elecciones, escribe Á. R. Boya Balet, el pueblo queda relegado al silencio, y debe limitarse a pagar los impuestos y los precios que fijan a su capricho respectivamente los parlamentarios y las empresas de los oligopolios».[3]Si se convoca ritualmente a votar al pueblo, es para simular, que la Nación Política es democrática puesto que es pluralista, ya que hay diversos partidos. La tiranía o despotismo de las minorías se disfraza así de la tiranía o despotismo de las mayorías profetizados por Tocqueville como el mayor peligro de la democracia.

Napoleón inventó el Estado de Derecho para  reconstruir el cuerpo político sustituyendo los desaparecidos poderes intermediarios por instituciones creadas ex profeso -«después de mí las instituciones»- y las limitaciones jurídicas, no fácticas, del poder estatal establecidas por la Constitución impuesta por la oligarquía dominante. Instituciones y limitaciones siempre precarias al no ser naturales, muy distintas de las de los cuerpos intermediarios espontáneos, que, además del Derecho, tenían la fuerza. El principio de subsidiaridad incluido en el Tratado de la Comunidad Europea para animar a las personas, órganos o  comunidades existentes a que decidan libremente sobre sus intereses, derechos y sentimientos particulares al margen del intervencionismo y la tutela estatal es un intento artificioso de suplir la desaparición de los auténticos poderes intermediarios. 

3.-  Se considera a Robert Dahl el principal teórico del pluralismo político por su descripción del orden democrático norteamericano como una distribución pluralista del poder, que denominó poliarquía.[4] Independientemente de la crítica de  Wright Mills, para quien  la sociedad estadounidense está dominada por una élite -el deep State, Estado profundo-, la poliarquía es inconfundible con los poderes intermediarios como contrapoderes. La diversidad del multiculturalismo, de origen también norteamericano, es otro de los componentes del mito del pluralismo. Un pluralismo intelectual completamente distinto del pluralismo natural propio de un cuerpo político. Resumiendo: el pluralismo se reduce hoy a la influencia de grupos sociales en los partidos y a la competencia entre estos por disfrutar de las ventajas del poder.

4.- La vida social se basa en la confianza.[5] Aristóteles decía en la Ética a Nicómaco (libro VIII, capítulo IX) en la amistad civil. Pero la confianza o amistad civil disminuye o desaparece cuanto mayor sea la “diversidad” multiculturalista de trasfondo racista. ¿Quiénes se fían hoy de los gobiernos a los que, sin embargo,  votan? El pluralismo de la diversidad es  una suerte de ideología, que fomenta la indiferencia o animosidad hacia los otros grupos y socava la confianza que los individuos depositan unos en otros unificándolos espiritualmente y formando un cuerpo político.[6] Expresión relacionada con la concepción farmacológica (pharmakológica, de pharmakon, φάρμακον, fármaco, remedio, y lógos, λόγος racional, lógico, ciencia) de la política inventada por los griegos basada en la experiencia, cuyo sujeto era el πόλεως σῶμα (póleos soma), el cuerpo político mímesis del cuerpo humano. La techkné politiké (πολιτική τέχνη), el arte político, era una terapia contra las enfermedades de la pólis, el cuerpo político.  Una unidad cuyos miembros  tienen funciones diversas sin que ninguno  se baste a sí mismo. Todos y cada uno de los miembros de un cuerpo  sirve a todos los demás miembros y ocurre lo mismo en la vida colectiva. Platón describía la pólis, la ciudad griega, como un Makroanthropos, Macrohombre, un cuerpo gigantesco integrado por hombres normales con cabeza, pecho y vientre. La cabeza que gobierna, el pecho que da seguridad y defiende y el vientre que produce. Los romanos detallaron luego la anatomía del cuerpo político: nervios, sangre, aliento, miembros, órganos.                                                                                El aristotélico musulmán Al-Farabi (872-950) escribió en La ciudad ideal:[7] «La ciudad excelente se asemeja al cuerpo perfecto y saludable, cuyos miembros cooperan para hacer perfecta la vida del animal». Y el medieval Juan de Salisbury describió así el cuerpo político en Policraticus (ca. 1159):[8] el rey era la cabeza; el sacerdocio el alma; los consejeros el corazón; los magistrados los ojos, los oídos y la lengua; el ejército la mano que sostenía las armas; la justicia del reino la mano desarmada; los comunes, el resto del pueblo, los pies del cuerpo. Cada miembro tenía su función, y estaba obligado a actuar, en armonía con los demás para bien del cuerpo entero. El platónico Hobbes tuvo en cuenta esos precedentes al construir científicamente el mito del Estado. Las ediciones de Leviatán suelen reproducir en la portada la imagen del Macrohombre.

5.- El multiculturalismo es una ideología tribalista que destruye la concepción farmacológica de la política heredada y perfeccionada por la Iglesia. Ignora o desprecia  el hecho de que la constructora de Europa y Occidente, integra a  razas, culturas,  naciones, Estados, Imperios por muy diferentes que sean. El peculiar pluralismo del multiculturalismo es incapaz de conseguir la unidad sin recurrir a la violencia, física en el caso extremo o legal. Desde el punto de vista eclesiástico la historia de la salvación tiende a unificar a todos los hombres en la Iglesia. En la Biblia: “Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén./En los días futuros estará firme/el monte de la casa del Señor,/en la cumbre de las montañas,/más elevado que las colinas./Hacia él confluirán todas las naciones,/caminarán pueblos numerosos y dirán:/«Venid, subamos al monte del Señor/a la casa del Dios de Jacob./Él nos instruirá en sus caminos/y marcharemos por sus sendas;/porque de Sión saldrá la ley,/la palabra del Señor de Jerusalén»” (Is 2,1-3). La cruz, decía Carl Schmitt, es la forma de la historia. Y la historia, concepto de origen cristiano -el tiempo desgajado de la eternidad por el acto creador del mundo- tiende a la unidad en la multiplicidad. Converge, por decirlo así, hacia Jerusalén.

6.- El socialismo democrático, revolucionario o revolucionarista «liberal», es mecanicista y rechaza o se desentiende de la convergencia hacia la unidad orgánica. Culminando la tendencia moderna, niega la realidad y la posibilidad de los cuerpos políticos. El revolucionarista, que es pacifista, habla continuamente, sin embargo,  de pluralismo como prueba de la tolerancia ilimitada, que enmascara la falta de libertad política, que presupone la religiosa, mucho más amplia que la libertad de culto con la que se confunde a menudo. Un motivo es diferenciarse de su gemelo comunista; otro, la pleitesía al multiculturalismo norteamericano que destruye la cohesión política de los pueblos y pretextando la igualdad identitaria pone en cuestión la libertad  o la suprime.

7.- «Es verdad», advertía Rainer Rotermundt, que se habla de «la gran libertad o del aparente pluralismo sin límites» en la democracia política existente. «El «pluralismo» es el gran santo y seña (Stichwort) de los postmodernos». Pero «es sólo el nombre de una anarquía, que mantiene el Estado y las instituciones como mera fachada», de modo que «lo postmoderno empieza donde desaparece el todo».[9] Ironizaba Jünger sobre lo postmoderno: «la palabra que está de moda por el momento es postmodernidad; designa una situación que existe desde siempre. Se llega ya a ella cuando una mujer se coloca en la cabeza un sombrero nuevo».[10]

El vacío es el signo del arte postmodernista. En la pintura, es indiferente el contenido, en el que no es accidental que predomine lo grotesco y lo feo. Escribe Antonio García-Trevijano: la postmodernidad, «además de no haber sido definida más que con vaguedades ideológicas, nació para designar lo que pretendía ser en la izquierda renegada del marxismo una concepción débil del mundo posterior a la guerra fría».[11] Es el momento histórico en que domina el socialismo sovietizado, cuyo pluralismo es el anarquismo cultural liberador de todos los deseos de la revolución del 68.

8.- Carl Schmitt observó la influencia en la estatalidad de múltiples poderes indirectos de toda laya, que privatizan la política,[12]  antes de que se inventaran las políticas públicas, que favorecen la formación de clientelas, que actúan como poderes indirectos. José Luís González Quirós denuncia[13] la privatización de la política «que se produce  cuando los poderes y las agencias del Estado, y muy en especial los partidos políticos, se convierten en los agentes exclusivos y excluyentes de cualquier política». Aceptado el intervencionismo como la forma correcta de la política, aumentaron sin tregua después de esa fecha los poderes indirectos, a medida que se afirmaba la socialdemocracia liberal, de  ideas más sovietizantes que keynesianas, que confinan la política en el ámbito reservado a los partidos de la oligarquía dueña del Estado de los Partidos. El pueblo queda excluido de la política salvo cuando compiten los partidos para ganar clientelas o se le llama a votar.

9.- Las revoluciones del 68, que comenzaron en el 67 en Alemania y California, han suscitado poderes indirectos  de nuevo cuño, que intensifican la privatización de lo Político y la  la política. Unos son contraculturales, otros directamente económicos a causa de los acuerdos de Bretton Woods (1944), consumados con “la teoría estatal del dinero, una teoría del poder estatal” (C. Schmitt), al renunciar Norteamérica en 1971 a la cobertura-oro del papel moneda,[14] de la Ostpolitik, conla internacionalización de las grandes empresas,la afirmación delos media como grandes poderes gracias a la tecnología, etc.

Las oligarquías socialistas y socializantes, prácticamente todas, se lanzaron entonces a la sovietización cultural para destruir los restos de la cultura tradicional. Consolidadas como si fuesen democráticamente normales, ese es el pluralismo como mito político,[15] al que sólo se enfrenta más o menos conscientemente el auténtico populismo. Concluye Delsol su libro sobre los populismos: «El populismo sería el apodo con el que disimularían virtuosamente las democracias pervertidas su menosprecio por el pluralismo».

10.-  Es conocida la frase de Hölderlin wo aber Gefahr ist, wächst das Rettende auch, donde está el peligro, brota también lo que salva.  No es tan conocida la de Nietzsche was mich nicht umbring, macht mich stärker, «lo que no me mata, me hace más fuerte», pues me hace consciente de la situación. El «caer en la cuenta» de Ortega, o  el «darse cuenta» de algo de Zubiri, que es estar en disposición de entenderlo.

Los nuevos «populismos» europeos responden al hecho de que está pasando algo muy grave, aunque no sepan precisarlo: reflejan la reacción del sentido común contra el irrealismo y antirrealismo político irracionales de quienes viven «contra la verdad», como decía Marías, o en el «realismo mágico»”» descrito por el novelista colombiano Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, de los gobiernos que viven en un mundo paralelo al del pueblo. 

El realismo político, dice Jerónimo Molina, parte de la evidencia, la verdad, de los hechos –verum et factum convertitur, decía Giambattista Vico- pero no se rinde ante ellos, distinguiéndose del pseudorrealismo cínico, porque no se desinteresa de los fines últimos. Los populismos denostados por las oligarquías y elites del establishment, rechazan el  pluralismo mítico y reivindican consciente o inconscientemente el realismo político al dar la voz de alarma sobre la peligrosa situación de la Europa en que mandan los sofistas, los arribistas, los economicistas, los fabricantes de mitos, los nihilistas -inconfundibles con los nihilistas rusos que eran idealistas- y multitud de idiotas.

11.- La política es clíopolítica y Chantal Delsol piensa que Europa ha salido ya de la Historia. Sin duda por la concurrencia de los tres motivos principales del irrealismo político, un utopismo al que   interesa únicamente el discurso, el relato, no la realidad. Una de las causas del antipoliticismo democrático, que, paradójicamente, politiza todo. Irrealismo en trance de derrumbarse por la crisis de la artificiosa sociedad de bienestar, imposible de financiar  por la abrumadora carga fiscal contraída. A la que ha venido sumarse la carga económica y fiscal que conlleva el conflicto de Ucrania promovido por Estados Unidos, que perjudica a Europa.[16] Expresiones como «esfuerzo fiscal» y «sacrificio fiscal» disimulan que, en principio, los impuestos son un robo legalizado por las oligarquías dueñas del poder político. Los acostumbrados a pagarlos  sólo lo perciben cuando traspasan cierto límite.

El esfuerzo y el sacrificio recaen actualmente sobre las clases medias -el meollo de la Nación democrática- y las bajas, pues los ricos (y los delincuentes) pueden invertir su dinero en inmuebles o grandes negocios o depositarlo en los «paraísos fiscales». Escapar de los purgatorios e infiernos fiscales se está convirtiendo en una tendencia. Una forma es trasladarse a otro país o tener varias nacionalidades. La representación política sometida al mandato imperativo -proscrito lógicamente en el Estado de Partidos– es la única forma de legitimar los impuestos.[17] Sólo son legítimos si los autorizan directamente los representados -hoy prácticamente imposible salvo en casos muy raros-, o sus auténticos representantes, aunque sean expropiatorios.

12.- La causa más corriente del irrealismo político es la creencia en que no es posible que sea falsa una idea generalizada entre la mayoría -o lo que parece ser la mayoría-, o entre gente respetable, por ejemplo los intelectuales y otros seres a quienes se reconoce autoridad en aspectos no políticos -un teólogo, filósofo, literato, médico, futbolista, actor,…-, que se ajusta a los conceptos preestablecidos. Las otras dos causas son el pensamiento -o no/pensamiento- utópico del que viven las ideologías y los demagogos, y el  anquilosamiento de las oligarquías y la clase política.

Decía Hegel: «la libertad es la conciencia de la necesidad». El político realista sabe discernir si se ajustan o no sus actos en general, incluidos los relacionados con los impuestos, a la realidad concreta de su momento histórico. A lo que llamaba Maquiavelo la necessitá delle cose.

13.- «La historia, escribe San Agustín,  es una lucha entre dos formas de amor: el amor a sí mismo hasta la destrucción del mundo,  y el amor al otro  hasta la destrucción de sí mismo». Políticamente, es la lucha permanente entre contrarios, las oligarquías de Maquiavelo. Los populismos no son en sí mismos una garantía de vitalidad, renovación y libertad. Sin embargo, las oligarquías liberadoras, revitalizadoras -o revolucionarias-, comienzan como populismos y de los actuales pueden surgir oligarquías, que, como las minorías creadoras de Toynbee, remplacen con nuevas ideas y nuevas maneras a las anquilosadas y decrépitas dirigentes  que han hecho suyo el eslogan multipluralista del 68 «mis deseos son la realidad» y están destruyendo Europa diciendo que la construyen.

14.- El problema de los populismos consiste siempre, en que necesitan jefes naturales capaces de explicar con claridad lo que pasa y lo que no pasa y sepan dirigir y gobernar a las masas, que no son inteligentes. El peligro, al que se aferran sus detractores, igual que Lenin cuando se opuso -de buena fe desde su punto de vista- a los populismos rusos de su momento, es que sean también ideólogos, sofistas, impostores, o gentes desorientadas. O irrealistas, impolíticos o antipolíticos que, aun teniendo buena voluntad, no  entiendan la compleja encrucijada histórico-política en que se encuentra Europa y no sepan desenredar los nudos gordianos que la atosigan.

Es uno de los riesgos de la política, que no es una ciencia. La andreia, la fortaleza, es la segunda virtud del político después de la frónesis, la prudencia. Los populismos pueden ser un riesgo. Pero son también la posibilidad de que se abra un nuevo horizonte histórico para Europa y la civilización occidental. A lo que se oponen las oligarquías y élites consensuadas contra el pueblo fingiendo falsos pluralismos. Por ejemplo, la alternativa en España en las inminentes elecciones generales, se reduce a que el partido popular sustituya a su alter ego, el partido socialista.  Lo del cambio para que todo siga igual.[18] Ambos están lógicamente aliados contra el enemigo, no adversario, político, que podría romper el consenso establecido para  garantizar la transición a la Monarquía: en este momento el partido Vox, tildado de populista, extrema derecha,… y hasta ”machista. Pues, con sus muchos defectos, es el único partido que parece oponerse a la destrucción de lo que queda del cuerpo político de la nación española.


[1] El hombre y el Estado. Madrid, Encuentro 2023. P. 25.

[2]  En varias cartas. Por ejemplo, en la Epístola a los Romanos 12:4-5. «Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros».

[3] “Lo de España no es Democracia”. Tradiciónviva.com (7. VII. 2023). En España, jamás ha existido la democracia. Las dos Repúblicas fueron la consecuencia lógica del descrédito y la caída  de la Monarquía. La primera, la de los intelectuales, fue caótica y afortunadamente muy breve. La segunda, la de ”los trabajadores”, la definió certera y finamente Emiliano Aguado El último disfraz de la Restauración. Madrid, Editora Nacional 1972. Fue «la ocupación por la Segunda República del Poder abandonado por los monárquicos». J.M. Ortí Bordás, Revoluciones imaginarias. Los cambios políticos en la España contemporánea. Madrid, Encuentro 2017.  III, c), p. 184.

[4] Pluralist   democracy in the United States: conflict and consent. (Chicago, Rand McNally 1967. Polyarchy; participation and opposition. (New Haven, Yale University Press, 1971. Entrevista Sobre El Pluralismo. México, Fondo de Cultura Económica 2003.

[5] Sobre la función política de la confianza: N. Luhmann, La Confianza, Santiago de Chile, Universidad Iberoamericana 1996; Ch. Tilly, Confianza y gobierno. Buenos Aires, Amorrortu 2010. También, F. Fukuyama, Confianza (Trust). Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad. Buenos Aires, Atlántida 1995.

[6] Al pluralismo de la diversidad, le ha salido un propagandista inesperado: el obispo auxiliar de Lisboa nominado  futuro cardenal, Americo Aguiar, organizador de la Jornada Mundial de la Juventud. Entrevistado por la televisión portuguesa, reconoció que “Nosotros no queremos convertir a los jóvenes a Cristo o a la Iglesia Católica o algo así. En absoluto. Queremos que sea normal para los jóvenes católicos decir y testimoniar que lo son, y que tampoco judíos o musulmanes tengan problemas para decir y testimoniar que los son. Y que el joven que no profesa ninguna religión se sienta a gusto y no se sienta extraño […] y que todos entendamos que la diferencia es una riqueza”. Lo importante es la diferencia y la diversidad.

[7] Madrid, Tecnos 1995.

[8] Madrid, Editora Nacional 1984.

[9]  Staat und Politik.   Münster, Westfälisches Dampfboot, 1997. Pp. 152-153. Vid. Th. Mol-nar,  El socialismo sin rostro. Madrid, EPESA 1979. II, II, p. 79.  Juan Pablo II insistía, en que el pluralismo de las «formas de libertad» no consiste en negar el carácter universal o inteligible de la naturaleza del hombre o de la experiencia humana.

[10]   La tijera. Barcelona, Tusquets 1993. Sobre Jünger: P. Capanna, “Ernst Jünger, hombre de tres siglos”. Criterio Digital.1998 (en Internet); “Estudio preliminar” de N. Sánchez Durá a E. Jünger, El mundo transformado y El instante peligroso. Valencia, Pre-Textos 2005; J. J. Esparza, “Ernst Jünger: un espíritu libre en la era del nihilismo”. gaceta.es (23. IX. 2017); G. Mas Arellano, “La libertad según Ernst Jünger”. elmanifiesto.com (21. X. 2022).  

[11] A. García-Trevijano, Ateísmo estético, arte del siglo XX. De la modernidad al modernismo. México, Landucci 2007. Prefacio, p. 11.  Cf. Ch. Delsol La haine du monde. Totalitarismes et postmodernité. París, Le  Cerf  2016. «El prefijo “pos” del término “posmodernidad” anuncia el desplazamiento constante de los límites que la modernidad creía haber encontrado a modo de legitimidad inversa con la edad socio-histórica precedente”. G. Más Arellano, “Cuerpos esculpidos en celuloide». elmanifiesto.com (22. VII.2022).  

[12] «Coloquio sobre el poder y sobre el acceso al poderoso.» Revista de Estudios Políticos. Nº 78 (1954).

[13] “La privatización de la política”. disidentia.com (3. XII. 2022).

[14] Sobre la trascendencia de este hecho, vid. el comentario de Sloterdijk en Los hijos terribles de la Edad Moderna. Sobre el experimento antigenealógico de la modernidad. Madrid, Siruela 2015. 4, pp. 133ss. Como dijo Marx, «el oro circula porque tiene valor, pero el papel moneda tiene valor porque circula». Es más cómodo, en cierto modo un progreso, que el oro o la plata. Pero no es lo mismo cuando los metales respaldan su valor que cuando el valor es una imposición de los gobiernos. El oro, sentenció Keynes, es una «bárbara reliquia de tiempos pasados» y los ochenta años con papel moneda o dinero crediticio desde Bretton Woods ayudan a entender el aumento del poder de los gobiernos en detrimento del pueblo. Cf. J. Gómez Ruíz, “Errores de la teoría monetaria actual”. La Ilustración liberal.com Nº 9. “El signo característico de la modernidad siempre ha sido el mismo, ganar más dinero que antes” (Gregorio Morán).

[15] Cf. A. Ollero, Derecho a la verdad.

[16] Vid. Luís Fraga, “Ucrania: grandes errores”. Elmanifiesto.com (15.VI.2023).

[17] Otra curiosidad de los Estados que prohíben el mandato imperativo -prohibido en España por el artículo 57 de la Carta-Constitución de 1978-  es, que los representantes monigotes de los partidos votan en las Cortes, Parlamentos, Dietas o  Asambleas legislativas obedeciendo el mandato imperativo del jefe del partido. Si desobedecen, se les sanciona, pues su conciencia pertenece al partido. Sólo se les autoriza a votar en conciencia en rarísimas ocasiones. Se ahorrarían gastos eligiendo solamente a los jefes de los partidos.

[18] Vid. J. Lainz, “Gane o pierda, gana la izquierda”. Libertaddigital.com (14.VII. 2023).

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